miércoles, 22 de julio de 2009
Parole, parole
viernes, 12 de junio de 2009
Manual de instrucciones
Mantener alejado de temperaturas extremas, conservar en ambiente limpio y confortable.
Revisar periódicamente fuentes de alimentación y niveles de energía.
Inspeccionar periódicamente dispositivos externos.
Modo de uso:
Paso 1) Arranque.
Es aconsejable utilizar el modo de arranque manual.
En caso de optar por el menú de arranque automático (por ej: “Hola, cariño, ¿por qué traes esa cara de mala leche?”), los resultados son imprevisibles, pudiendo provocar, involuntariamente, la inestabilidad del sistema. En ese caso, desconecte y reinicie.
Arranque manual:
Abrir la cubierta con precaución, tacto y suma delicadeza. Verificar niveles de energía. Elegir “Modo A prueba de fallos”.
Paso 2) Navegación
En el menú subsiguiente, elegir la opción por defecto (“Hola, cariño, ¿estás bien? Pareces cansado. ¿Quieres que te sirva la cena ya?”). Aplicar protocolo en función de la respuesta del sistema, eligiendo siempre la opción por defecto. Se recomienda mantener la conexión en modo “Silencio” todo el tiempo que sea posible. Para neutralizar los posibles códigos maliciosos que pudieran infiltrarse en el sistema (por ej: “Si es que ni llevar una casa sabes, inútil, pedazo de inútil”), pulsar las teclas Alt+Control. En caso de persistir en su actividad los códigos maliciosos (“¿Quieres dejar de moverte de una puta vez? ¿No ves que estoy intentando ver el partido?”), mantener pulsada la tecla Supr (“Perdona, cariño, lo siento. No volverá a ocurrir.”).
Seguridad:
En caso de aparecer amenazas graves a la estabilidad del sistema (“Te voy a matar, hija de la gran puta”), elegir la función Escape.
En caso de riesgo inminente de colapso (“Ya te tengo, zorra”), apagar funciones vitales básicas. Ayudarse, si es preciso, de algún objeto cortante, punzante, o contundente. Reiniciar.
-¿Se puede saber qué haces, que llevas más de media hora mirando ese manual?
-Nada, cariño. ¿Tienes hambre? ¿Quieres que te ponga ya la cena?
Eutanasia

Ambrose Bierce (1842-¿1914?)
Ocurrirá así: Un rostro moreno e inexpresivo, unos ojos como de tiburón; no te dirá adiós, ni siquiera te preguntará por qué, solo hará lo que es debido. Después, quizá el forense, y a lo mejor una llamada de teléfono a familiares y amigos que sí dirán adiós, y sí preguntarán por qué, y cómo. Luego, un féretro en un avión, un entierro escrupuloso, y después de eso, ya sabes, fue un hombre bueno, un amigo querido, etc., y después, de nuevo por qué, y cómo. Aunque, no, no te engañes, después no habrá nada, nada de nada. De todos modos, ya no será asunto tuyo.
¿Por qué? ¿Por Kerouac, por Lowry, por Hemingway, por Bierce? Podría ser, si quisieras otorgarle un sentido, una pátina de nobleza; si quisieras ofrecer un hermoso sacrificio en aras de una tradición arcaica de arena y muerte. Sí, podría ser. Pero también podría ser por tu mujer gritando otro nombre con el rostro contraído, sudando un sudor distinto, mirándote frío, mirándote nunca te quise, mirándote tú lo sabías, fue tu culpa. O podría ser que ya no le necesitamos, hace falta sangre joven, usted ya sabe cómo es esto, encontrará algo, le irá bien. O, a lo mejor, por Susan, por qué te fuiste de ella, qué fue lo que te asustó, miedo a dejar de ser joven, miedo a dejar de amar, a dejar de de ser amado, miedo a qué. O también que lo mejor ya pasó, y que lo mejor tampoco fue muy bueno en realidad, y eso es terrible. O quizá es solo una cierta disposición: quizá tu padre eligió hacerlo con una cuchilla y hacerlo sólo, y tú prefieres cuchillo y que sea otro. O quizá es que no es seguro todavía, habrá que hacer más pruebas, ya le diré cuándo tiene que preocuparse.
Pero eso el por qué, y el por qué es aire, en cambio el ahora es sólido, es seguro, es irrefutable. El ahora es el humo y el sudor que se pegan como miel a tu ropa. Es un letrero que dice “Liquors”, del revés frente al espejo. Es hombres callados, hablando en silencio, y ese gringo, míralo nomás, ahí, mirándonos tan fijo, qué quiere el gringo, no sé, pero si lo quiere capacito que lo encuentra. Es tres días de tequila y de mota, de putas y de moscas y de diarrea, buscando el tópico triste y a la vez el desmentido, y qué fue de ese México de los libros, se lavó la cara, pero igual le apesta el aliento, güey. Es esa canción estúpida que no pega ahora, qué tonto sería morir con ella sonando, qué tonto será. Es que te levantas y vas a la barra, y no rehuyes la mirada que te dice no mames, gringo, vete, déjalo nomás, yo no quiero matar, tú no quieres morir, pero haré lo que es debido. Es esa es mi cerveza, gringo, y qué pasa que no escuchas, me oíste, hijo de la chingada, vete ahorita y vive cagón pero vive nomás. Es los hombres que dejan espacio, estas cosas requieren ceremonia. Es el brillo de un metal. Es denle una a él antes que se orine el yanquicito. Entonces, un destello: Borges, “El Sur”. Sí, así está bien, denme, les dices sin decir, palma hacia arriba y el tiburón que duda, mírenlo el gringo que le salieron pelos en los huevitos, así sí, así da gusto. Hace falta sangre joven, dijo alguien, usted ya sabe.
Eso es el ahora. El después es se fijaron cómo me enfrentó el gringo, pensé por un momento que me mandaba derechito con la Pelona, menos mal que entre todos lo sujetaron, y casi ni aun así. Es se fijaron, el gringo no se iba a echar para atrás, el gringo vino a que lo mataran, si no por qué dijo thank you cuando se agarraba la sangre con las manos.
miércoles, 10 de junio de 2009
El color del cristal
Cuando no haya nada seguro celébralo: significa que cualquier cosa es posible.
Cuando el pasado te muerda los tobillos como un perro rabioso mira al frente, y asume que cada segundo flagrante es el principio de todo.
Cuando ella te rechace –o él -, está claro, te equivocaste, no era ella –o él -.
Cuando ganes no olvides que otro perdió. Cuando pierdas, bueno: ganaste una derrota.
Cuando te duela fíjate en qué parte, igual ni la conocías.
Cuando llores asómbrate: no hay otro animal que tenga el privilegio de hacerlo.
Cuando tengas enemigos enorgullécete: de algún modo el odio es una forma de estima.
Cuando te estrelles piensa en qué bonito espectáculo darás, visto desde fuera.
Cuando tu mundo se venga abajo puede ser un buen momento para mudarte a otro.
Cuando llegue el final recuerda que sin final no habría cuento.
domingo, 7 de junio de 2009
Improbabilidades
Un turista polaco viaja por el metro de Madrid y ve a un musulmán de aspecto sospechoso. Le parece distinguir una bomba entre sus ropajes. Cree que si da la alarma el terrorista hará explotar la bomba, así que trata de acercarse a él para evitarlo. Mientras tanto, un inmigrante recién llegado de Yemen está, asimismo, viajando en el Metro de Madrid. Lleva un valioso regalo para su sobrino escondido entre la ropa por temor a que se lo roben. Un tío rubio y rapado le está mirando, y se aproxima a él con disimulo. Cree que puede ser un skinhead, o alguien que quiere robarle. Tras varias extrañas maniobras, el polaco sale corriendo detrás del árabe, forcejean, caen a la vía, y son atropellados por el siguiente tren, pensando, ambos, que han muerto como héroes. Al día siguiente el suceso aparece en los periódicos sin que nadie sepa encontrar una conexión entre las víctimas.
Todo por un sueño
Dos amigas compran juntas un boleto de lotería de Navidad y prometen repartirse el premio si les toca. Lo guardan en la taquilla que comparten conjuntamente en el gimnasio. Una de ellas sueña que la otra intenta robarle a su marido, y lo toma como un sueño premonitorio de traición. Al día siguiente se enteran de que El Gordo ha caído en el pueblo y su número ha resultado premiado. Se llaman para felicitarse y quedan en el gimnasio a las 6 para recoger el billete. Pero ella no puede esperar, y aparece a las 5 para comprobar si el billete aún sigue ahí. Abre la taquilla, el boleto no está. Tras ella está su amiga, que le dice: “No te molestes, el boleto ya está cobrado. Sabía que me traicionarías. Anoche tuve un sueño”.
¡Qué paradoja!
El Presidente de los Estados unidos se dispone a dar una conferencia. En su atril hay una notita que nadie había advertido. Dice que si no se pronuncia a favor de la abolición de la venta de armas en su discurso, recibirá un disparo en la cabeza. Si trata de avisar a alguien, también. El hombre, acojonado, cambia su discurso por un encendido alegato a favor de la prohibición. Cuando termina, es abatido de un disparo.
Paradójicamente, su asesinato despierta una oleada de rechazo hacia las armas en la población estadounidense, él se convierte en un mártir del pacifismo, y su última voluntad se traduce en una reforma de la Constitución de los Estados Unidos para prohibir la venta libre de armas.
Fantasías de ayer y de hoy
(…)
Y entonces va Ahab, el hijo de puta, y se carga al último ejemplar de ballena albina.
(…)
A la mañana siguiente el hada, abrochándose la falda, le dijo a Pinocho que igual una mentirijilla de vez en cuando tampoco era tan importante.
(…)
La historia va de un niño criado por lobos, educado por una pantera, corrompido por un oso gandul y pendenciero, que, entre otras cosas, gusta de provocar masacres entre los monos, y cuyo mayor anhelo es matar a un tigre. No sé tú, pero yo intuyo que la parte buena del cuento viene cuando semejante criaturita se marcha a vivir a la aldea…
Una de miedos
Al llegar al hogar, la comida y el agua del perro están desparramadas por toda la cocina, pero no se ve a “Golfo” por ningún lado. Un reguero de huellas sube por las escaleras hacia el piso de arriba. Lo sigues, las huellas entran hasta tu dormitorio y desaparecen bajo la cama. Le llamas para que salga de ahí, pero no obedece. Escuchas su respiración agitada. Mientras te agachas para sacarle, oyes a “Golfo” ladrando en la parte trasera del jardín.
Buenas noches a ti también
De noche, mientras arropas a tu hijo, este te pregunta que de qué murió la abuelita. Tú le dices que la abuela Marta se murió de viejecita hace ya muchos años, pero tu hijo te dice que esa abuelita no, tonto: la que todas la noches le saluda desde la ventana.
Eso, por preguntar
-Y por último, Señor Quesada, tenemos este ataúd de pino con interior removible de cartón corrugado, para ser cremado junto con el cuerpo. El precio de este ataúd es de dos mil doscientos euros mas el I.V.A.
-Gracias, con esto ya me hago una idea.
Solo un rato después de salir, justo en la intersección del carril de incorporación a la autopista, se da cuenta de que en ningún momento le ha dado su nombre al tipo de la tienda. Quizá es por eso que no ve venir al matrimonio del Opel rojo.