miércoles, 18 de febrero de 2009

Sweet Caroline

"Lo único que quiero es tener algo hermoso"

Timothy Hutton (Willie)

Beautiful girls, Ted Demme, 1996

Bonita película que quizá ha envejecido prematuramente, pero que sigue tocándome la fibra sensible.



Y de regalo, El Rey, en su momento de máximo apogeo, o de su máximo declive, que viene a ser lo mismo para mí



Por dios, qué bien le sentaban a este hombre los barbitúricos.

martes, 17 de febrero de 2009

Microrrelato (VIII)

Finalmente, tras años de infructuosos intentos, logró construir la máquina del movimiento perpetuo. Al cabo de diecisiete días, harto de ella, la destrozó a martillazos

Microrrelato (VII)

"-Oye, y hablando de psiquiatras, ¿no crees que hay por ahí más gente de lo que parece que necesita uno?-

Obviamente, la farola no contestó"

Microrrelato (VI)

-¿Tu crees que hay vida en el Espacio Exterior?
-No lo sé. Lo que si sé es que si seguimos cargándonos los recursos naturales- dijo la pulga- al final vamos a tener que cambiar de perro

Microrrelato (V)

-Estaba un día buscando monedas en la mesilla del cuarto de mis padres cuando escuché unos pasos que se acercaban por el pasillo. Raudo, me escondí debajo de la cama. Era mi madre. Sus largas piernas se balanceaban delante de mí. Conteniendo la respiración, me asomé un poco, lo suficiente para ver sin ser visto. Mi madre se arreglaba delante del espejo. Desde allí abajo pude ver cómo se desabrochaba el sujetador y dejaba al descubierto sus, para mi infantil perspectiva, inmensos pechos rosados. Una especie de rubor dulce y culpable, como no había sentido antes, me invadió paralizándome por completo, e impidiéndome apartar la vista. Entonces mi madre se puso otro sostén y una blusa y se encaminó hacia la puerta. -Cuando quieras puedes salir-, me dijo-

-Todo eso está muy bien, doctor, pero me gustaría empezar ya la sesión-"

Microrrelato (IV)

El término "héroe" cambió de acepción para él el día que supo a qué se dedica un proctólogo

Microrrelato (III)

No conseguía concentrarse con el ruido de las obras en el piso de arriba, así que decidió ir a la cafetería de la esquina. En la cafetería tampoco pudo escribir, pues el hilo musical y el murmullo proveniente de las mesas colindantes le impedían abstraerse. Probó en un banco del parque, pero hacía demasiado frío. Pensó en la Biblioteca, pero ya era demasiado tarde. Así que, desconsolado, decidió regresar a casa sin darse cuenta de que ya tenía su microrrelato