martes, 13 de octubre de 2009

Tú no lo harías


Tengo un sentimiento ambivalente hacia la publicidad televisiva. Por un lado me parece un mundo apasionante donde la creatividad campa a sus anchas. Hay anuncios que son auténticas obras de arte, prodigios de sensibilidad, innovación o sentido del humor, una gozada para la vista. Por otro lado, creo que tiene un componente intrínsecamente perverso. A menudo se trata de convencer a la gente de que compre productos que no necesita, de informarle de asuntos que no le interesan y de responder a cuestiones por las que no ha preguntado. Además lo hace de un modo invasivo. Casi nadie se tragaría voluntariamente diez minutos de anuncios a menos que asista a un certamen de publicidad, pero tenemos que comulgar con ello para ver programas de televisión que nos interesan. Y, cada vez con más frecuencia, el mensaje que nos transmiten no guarda relación alguna con aquello que se publicita. Ya no se trata de informarnos de las razones objetivas para comprar este coche en vez de este otro o de qué ingredientes hacen de la nueva versión de un perfume algo diferente a la anterior, sino de llamar nuestra atención y de que asociemos determinada marca a una imagen atractiva. No de convencernos con argumentos, sino de embaucarnos, en definitiva. Eso, cuando no tratan directamente de engañarnos. Por ejemplo cuando una cadena de comida rápida se precia del amor y el cuidado artesanal con el que una serie de trabajadores indolentes y desmotivados confeccionan sus clónicas y paupérrimas hamburguesas, cuando un banco alardea de pensar en nuestro beneficio por encima del suyo o cuando, en el colmo del cinismo, una compañía de telefonía móvil trata de vendernos un contrato leonino como un pasaporte hacia la libertad. “Porque lo importante eres tú”. Ya, y un huevo. ”Pensamos en tí”. Sí, en mis bolsillos, concretamente, y en cómo vaciarlos. O los de las Fuerzas Armadas, esos son muy buenos. Salen soldados saltando en paracaídas, aprendiendo a manejar maquinaria pesada, estudiando o entregando sacos de arroz a sonrientes turbas de africanos hambrientos. Uno espera ver aparecer de un momento a otro a un soldado llevando en sus brazos a un tembloroso cervatillo para salvarlo de las llamas. Pero, vamos a ver. QUE SOIS SOLDADOS, COÑO. En un ejército que se precie de serlo te enseñan a combatir, a matar eficientemente sin cuestionar las órdenes, y lo demás son polladas.


Pero los anuncios que más me joden, con diferencia, son aquellos que se dirigen al teleespectador como si los anunciantes le conocieran de toda la vida. “Porque sabemos lo que quieres”. “Porque tú lo vales”. “La oferta que estabas esperando”. “La casa de tus sueños”, etc.
Afortunadamente, hace muchos meses que la antena de mi casa dejó de funcionar, y no he dado un solo paso para arreglarla, por lo que, generalmente, estoy a salvo de las embestidas publicitarias. Sin embargo soy aficionado al cine y alquilo películas con bastante frecuencia en el videoclub. Pues bien, ahora aparece en casi todos los estrenos un anuncio contra la piratería que me toca especialmente los cojones. En él aparecen una serie de personas cometiendo diversos actos entre lo hijoputa y lo criminal. Por este orden: una tipa con traje ejecutivo fumando en el ascensor junto a una embarazada, con aire chulesco; un conductor que, no solo se salta un paso de cebra estando a punto de llevarse por delante un cochecito de bebé, sino que encima se permite, el muy cabrón, mandar a paseo con un gesto despectivo a los sobrecogidos padres; un tío rayando con una llave el coche de un desconocido; una pareja de adultos de estética burguesa procediendo a derribar contendores de basura a patadas; y, finalmente, a un atribulado inmigrante sudamericano cerrando una lona repleta de cedés piratas ante la presumible llegada de la Policía. Obviando la burda intención de equiparar la gravedad de unos hechos con la de los otros, cabe señalar, curiosamente, que tal como está rodado el anuncio da la impresión –al menos a mí -de que todos esos actos deben ser súper divertidos de realizar. Vamos, que te dan ganas de salir a la calle a romper espejos retrovisores y emprenderla a puntapiés con los cubos de basura. Pero lo realmente indignante viene después. “Tú no lo harías”, dicen. ¿Y vosotros qué carajo sabéis? ¿Acaso me conocéis? Si tuviera que vender cedés piratas en la calle para poder comer caliente esta noche, claro que lo haría. Pero es que, además, ¿vosotros cómo coño sabéis quién soy yo? ¿Quién os dice que no me dedico a atracar bancos a punta de pistola, o a torturar y violar ancianas en sus domicilios? ¿Que me conocéis, decís? Pues os vais a cagar, pedazo de imbéciles. Voy a salir a la calle a liarla parda, hombre. Voy a mear a través de las ranuras de los buzones de Correos, voy a tirarme pedos a mansalva, sonoros y malolientes, en la guagua y a culpar por ello al discapacitado que se siente a mi lado, voy a ir a mofarme del finado a la puerta de los velatorios, sólo por reírme un poco, no pasará monja a mi lado sin verme la picha, voy a robar lo que no está escrito, y, por supuesto, voy a descargarme cuanta música y cine ilegal me venga en gana, a saco. O sea, me voy a descargar la puta colección completa de Steven Seagal solo por joderos. Porque ya me habéis tocado los huevos, hostia. Que yo no lo haría, decís, como si me conocierais de algo… Pues mira por dónde, no, no lo había hecho nunca, pero me habéis dado unas cuantas buenas ideas. Gilipollas.

4 comentarios:

pepa mas gisbert dijo...

Un texto estupendo, hoy la carga irónica de tus palabras me hace sonreir y recapacitar. Porque no solo es que la publicidad quiera engañarnos es que normalmente nos dejamos engañar.

Un abrazo

P.D. a veces, visto lo visto en la tele, la publicidad es lo menos engañoso y lo más espectacular

spulzeer dijo...

Odio según que anuncios, y si te soy sincera, sin duda, los que más, lo que tienen que ver con la apariencia física... ¿No hay cremas que bajen dos tallas al tipo que pesa 100 kilos? ¿Sólo nosotras necesitamos estar monísimas?
Recuérdame que te cuente una anécdota que estudié en la carrera a este respecto...

Max E.G.B. dijo...

Muy buen texto. Refleja la mierda de sociedad que estamos construyendo.
Salud y suerte¡.

uno de tantos dijo...

Tal vez le interese conocer a la gente del grupo Arbeit:
http://www.nodo50.org/contrapublicidad/index.php
Se centran en estos temas y personalmente me parece una visión interesante del asunto.

Un saludo.