domingo, 15 de febrero de 2009

Eluana Englaro. O "Prohibido morirse en Italia"

Eluana Englaro ha muerto. Después de tres días sin recibir alimentación a través de la sonda, ha muerto. Al parecer la previsión de los médicos era que durase un poco más, por lo que, de ese relativamente rápido fallecimiento, sería tentador deducir que la chica (mujer, en realidad, 38 años ya) realmente quería terminar de una vez, y que por eso se rindió tan rápidamente a la muerte. Sería tentador y fácil, pero, por una parte, en general soy reacio a adoptar explicaciones sencillas y mágicas a sucesos complejos, como puede ser el abandono de las funciones vitales básicas por un ser humano en fase moribunda; y por otra parte dudo, a la luz de los datos recabados en la prensa, que el cuerpo que anteriormente respondía por el nombre de Eluana albergase deseo alguno, por lo menos no más que el deseo que un fruto desprendido de un árbol pueda albergar por evitar el proceso de descomposición. Porque esa es otra. Un interesante asunto de reflexión sería hasta qué punto la vida que se supone tenía ese cuerpo al que llamaban Eluana era vida. Supongo que todos estamos de acuerdo en que una manzana colgando del manzano está viva, tanto como lo está el manzano. Pero, ¿y la manzana recién arrancada, sigue viva? ¿En ese caso, cuando deja de estarlo? ¿Cuándo pierde su color verdoso o rojizo por uno parduzco?¿Es eso una manzana viva o un cadáver de manzana? ¿Cuándo pierde su consistencia y se convierte en un amasijo plagado de (ahora sí) otras formas de vida tales como gusanos, moscas y organismos microscópicos? Siguiendo esta, lo reconozco, inquietante y hasta escabrosa línea de razonamiento, ¿estaba viva Eluana o era una especie de pre-cadáver cuya descomposición se trataba de detener o revertir de manera artificial? De todos modos no quiero seguir por ese camino, pues mi intención inicial al escribir este artículo era otra. Del mismo modo rehúso desarrollar otro planteamiento, que es hasta qué punto ese cuerpo, aún admitido como vivo y siendo el de un ser humano, era una persona o sólo lo fue una vez, antes de su fatal accidente.
Era otra cosa sobre lo que quería reflexionar, y no es sobre el comportamiento de Eluana o su ausencia de tal, sino sobre el de todos los demás.
Aquí, un par de artículos bastante parciales y tendenciosos, por más que yo comparta la mayoría de sus tesis, de el diario EL País referidos a este asunto:
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/padre/gano/Papa/Berlusconi/elpepisoc/20090211elpepisoc_3/Tes
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Eluana/descansa/Italia/agrieta/elpepusoc/20090209elpepusoc_1/Tes
Como ya dije en una entrada anterior http://correrescosadecobardes.blogspot.com/2009/02/cuado-muera.html#links), para mí la esencia del debate no está en hasta qué punto tienen derecho la familia de Eluana y los médicos encargados de su caso a terminar con su vida (dejémoslo en que, efectivamente, eso sea vida), sino qué derecho tiene nadie a decretar que una persona tiene que ser mantenida con vida artificialmente hasta el infinito, si ello fuese posible, con su acuerdo o sin él.
Ha habido una agria y encendida polémica en Italia entre los autodenominados "defensores de la vida" (gobierno de centro derecha y derecha en general-aunque odio esa maniquea y a menudo interesada división entre "derecha" e "izquierda", pero ya hablaré de ello en otro momento, si puedo-, democristianos, Vaticano y demás organizaciones religiosas) y la oposición de izquierdas y movimientos laicos. Esa enconada disputa ideológica ha dado lugar a hechos casi cómicos, como el apresurado y patético esfuerzo por parte de Berlusconi y sus correligionarios de "salvar la vida" a Eluana mediante una ley had hoc, contraviniendo una sentencia del Tribunal Supremo italiano favorable a las tesis de la familia de Eluana, y por tanto vulnerando la Constitución y pasándose la separación de poderes del estado por el Arco del Triunfo con toda la tranquilidad del mundo.
El Mundo, precisamente: http://www.elmundo.es/elmundo/2009/02/09/internacional/1234172283.html
Si he calificado ese intento como casi cómico es porque, tal y como ha sido redactado el primer borrador de esa posible ley, esta obligaba, no ya a mantener artificialmente con vida durante el mayor tiempo posible a todo enfermo terminal hospitalizado en suelo italiano, sino ¡a cualquier persona, enfermos, cuidadores, etc., independientemente de las causas y circunstancias de su afección!
Repetimos, textualmente: "A la espera de la aprobación de una completa y orgánica disciplina legislativa en materia del fin de la vida, la alimentación y la hidratación, en cuanto formas de ayuda vital y fisiológicamente indicadas para aliviar el sufrimiento, no pueden en ningún caso ser rechazadas por los sujetos afectados ni por quien asista a sujetos que no pueden valerse por sí mismos".
Pongamos el caso de un tipo que sufre un infarto, y al que se intente reanimar durante un tiempo prudencial, sin éxito. Lo normal es que, al cabo de diez, quince, treinta minutos, esas maniobras se abandonen debido al irreversible deterioro cerebral que sufriría el paciente y a la imposibilidad de que su corazón pueda volver a latir por sí mismo. Pues bien, dicha ley, aplicada literalmente, obligaría a mantener las maniobras de reanimación y de mantenimiento de esa persona indefinidamente, so pena de cárcel para el personal sanitario que se negase a hacerlo.
O, dicho de otro modo: Berlusconi, en el mayor gesto de hiperbólica megalomanía que soy capaz de recordar, decreta que está prohibido morirse en Italia.
Eso sí que es para morirse, ¿verdad?

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